Principal threats to democratic governance in Central America

During the last decades of the XX Century, Central America became internationally known for its notorious political turmoil, especially related to the Sandinist Revolution in Nicaragua and the revolutionary wars in El Salvador and Guatemala. After Peace Accords were signed and democracy established, relative stability arrived, but various factors permanently threat the progress made.

Results show that 5 out of the 7 Latin American countries that have decreased its levels of support for democracy the most, belong to Central America; Costa Rica, Panamá, Honduras, Nicaragua and El Salvador have all decreased its levels of support for the democratic system between 1995 and 2012. At the same time, people´s acceptance of an authoritarian, but effective, government has increased (Latinobarómetro, 2013). In addition, Honduras and Guatemala are among the 3 Latin American countries with least support for democracy and show no improvement in this period. The region has a much weaker level of support for democracy compared to that of South America and Mexico; in fact, there is an 11 points difference (60% vs. 49%). Continue reading

El nuevo gabinete de gobierno: una oportunidad para avanzar en la probidad, la transparencia estatal y el combate a la corrupción

Ante la conformación del nuevo gabinete gubernamental esta mañana junto a la red de organizaciones de la sociedad civil contra la corrupción nos pronunciamos para exigir al presidente y vicepresidente electo atender a los criterios de idoneidad, competencia, moralidad notoria, probidad y compromiso social establecido en las leyes al momento de realizar el nombramiento de los futuros funcionarios y funcionarias, a fin de garantizar una gestión pública de transformación que responda a los intereses de las grandes mayorías.

Las organizaciones sociales que suscribimos este documento hemos insistido en la urgente necesidad de erradicar la corrupción estatal en todas sus expresiones y en la instauración de un régimen institucional que privilegie la integridad, la probidad y la transparencia como valores supremos y rectores en la gestión pública. Hemos elevado enérgicamente nuestra voz para exigir que se investiguen los casos de corrupción que se han conocido, se castigue a sus responsables y se recuperen los dineros que han sido ilegal e inmoralmente sustraídos al pueblo salvadoreño.

Por eso creemos que el momento actual es decisivo para avanzar en la erradicación de este flagelo que atenta contra los derechos humanos y contra la incipiente democracia salvadoreña: la actual selección de las personas que conducirán las carteras de Estado en el nuevo gobierno que asumirá funciones a partir del 1 de junio, constituye una valiosa oportunidad para continuar avanzando en una administración estatal eficiente, eficaz, humana, sensible y solidaria con las necesidades e intereses populares. El Salvador debe desterrar para siempre las viejas prácticas de los gobiernos anteriores que vieron en los recursos públicos, una jugosa fuente para acrecentar las riquezas de pequeños pero poderosos grupos corporativos y empresariales. Continue reading

Reflexiones ante la segunda vuelta

El pasado 2 de febrero, el FMLN se impuso sobre ARENA por un total de 268,176 votos, en términos porcentuales esto representó aproximadamente un 10% del total de votos registrados según datos del Tribunal Supremo Electoral. La importancia de señalar lo anterior radica en que no es posible aventurarse a realizar un análisis ante la segunda vuelta, sin antes haber contextualizado el escenario al cual llegan las dos principales fuerzas partidarias este próximo 9 de marzo.

Lo primero que hay que decir es que los números por los cuales el FMLN aventajó en la primera vuelta a ARENA no son un dato menor, de hecho, para que ARENA pueda revertir una nueva derrota este próximo domingo, durante las 5 semanas que transcurrieron desde la primera vuelta hasta la nueva elección la derecha tuvo que haber convencido a través de su campaña de disuasión (poco hubo de persuasión) a un poco más del total de habitantes en departamentos como La Unión, Cuscatlán, Morazán, San Vicente y Cabañas, los cuales registran un número menor de habitantes respecto a los más de 268 mil votos que llevaron al FMLN imponerse en la primera vuelta.

Por otra parte, el pasado 2 de febrero cuando los datos oficiales señalaban una tendencia irreversible de la voluntad popular en las urnas, ARENA era consciente que el desafío al cual se enfrentaba en un mes era titánico e implicaba un giro de discurso y estrategia si sus pretensiones eran las de ser una fuerza competitiva en esta segunda vuelta. Pero lo que sucede es que mientras duró la campaña electoral, ARENA no sólo fue víctima de la erosión del más de centenar de casos de corrupción que fueron ventilados, documentados y presentados ante la Fiscalía General de la República durante este gobierno mientras estuvieron en el ejecutivo, sino también, fue víctima de la incapacidad de sus principales cabezas para discutir desde el terreno de la gestión los 5 años de gobierno del FMLN en temas centrales y básicos como la salud, educación, seguridad pública e institucionalidad, porque mientras el partido en el gobierno destacaba sus logros y los importantes precedentes marcados en estas agendas, ARENA centró por el contrario sus esfuerzos en una campaña que buscó por donde pudo opacarlos a cualquier precio, generando resultados inversos a los esperado, marcando la distancia con un buen número de electores en el territorio que han sido impactados de forma positiva durante el último quinquenio por programas y políticas de inclusión y desarrollo en su calidad de vida, lo cual se refleja en el incremento de la inversión social detallada en el presupuesto nacional de los últimos años.

Los estrategas de campaña señalan que cuando el oficialismo está haciendo las cosas bien, la oposición debe reconocer esos logros y elevar desde su propuesta programática la gestión pública, perfeccionando a través de la eficiencia lo iniciado por su adversario, sin embargo, ARENA no sólo erró en ello, sino que además estuvo lejos de reconocer los importantes avances que el país ha demostrado el último período respecto a las dos décadas en las cuales ostentó el poder. Y no solo eso, sucedió que cuando ARENA intentó hacer campaña con los mismos programas sociales que había criticado en el inicio de su campaña se vio ante el espejo, y lo que encontró fue la falta de credibilidad para su partido que durante años controló la cosa pública a espaldas del desarrollo de los sectores más vulnerables y ahora le resulto caro, fue la oposición y las disidencias internas de su propio partido lo que le enseñó a ARENA, que en adelante no hay gestión exitosa sin impactos que eleven la calidad de vida de sus habitantes.

Las segundas vueltas electorales en El Salvador nos señalan dos aspectos: la primera es que el ganador en primera vuelta regresa triunfando en la segunda, con mucho más respaldo llega esa hipótesis cuando en el ganador se impuso de forma contundente en el primer round; en segundo lugar, la participación en segunda vuelta tiende a ser menor dado que la oferta de contendientes se ha reducido o la apatía ante un triunfo previamente definido prevalece. Ante este escenario, el próximo domingo ARENA no sólo tiene en contra la estadística, sino también los errores que pesan sobre la derecha salvadoreña el manejo de la gestión pública, el primer paso será cuando ARENA reconozca que estos errores sólo pudieron ser evidentes cuando llegó la alternancia en 2009.

ARENA y la derecha representada en otros flancos, tiene ante la segunda vuelta resultados irreversibles que anuncian una nueva derrota, la apuesta de la derecha no es en el corto, sino el mediano plazo, y radica en que para seguir siendo competitiva sólo hay un único camino, reinventarse.

Por Saul Hernández, tomado de ContraPunto

La generación de la paz

Por Ramiro Navas

 

Este día se conmemora en El Salvador el 22° Aniversario de la Firma de los Acuerdos de Paz, que dieron por finalizado el conflicto armado entre las Fuerzas Armadas del Gobierno y la insurgencia del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional. El 16 de enero de 1992, se cierra un capítulo de enfrentamiento y represión que se tradujo en una guerra civil de doce años, y se abre uno nuevo de concertación y de libertades civiles, en el que quienes antes combatían con las armas pasaron a confrontarse en el terreno político partidario.

 

La firma de los Acuerdos de Paz tiene por sí misma dos grandes connotaciones para la historia de nuestro país, cada una muy significativa y trascendental. La primera connotación es que los Acuerdos materialzan la salida negociada al conflicto armado, en el que la insurgencia no pudo derrotar políticamente al Gobierno, pero el Gobierno no pudo derrotar militarmente a la insurgencia. Tanto por esos factores internos como por los externos -como el derrumbe del Muro de Berlín, el auge de los enunciados neoliberales y la Perestroika soviética-, las fuerzas enfrentadas comprendieron que la vía para finalizar la guerra estaba en la negociación. A partir de ese punto, hay un quiebre histórico en la forma de actividad política en el país, en la que primaría el diálogo pacífico por encima de la confrontación violenta. Se inaugura la era de la concertación política y la búsqueda de consensos.

 

La segunda connotación es más trascendental y fue más beneficiosa para las capas más pobres de la sociedad, largamente azotadas por la desigualdad y la marginación, porque define los Acuerdos como una importante reforma política, en la que se conquista un nuevo enfoque sobre los derechos humanos, la participación política y la seguridad pública. Las reformas constitucionales contenidas en los Acuerdos de Chapultepec crearon una nueva institucionalidad democrática y política, y abrieron camino para el lento desmontaje del ideario militarista y archiconservador imperante en el siglo XX.

 

No obstante el peso histórico de las connotaciones antes expuestas sobre el cese negociado de la guerra, es fundamental destacar que, tanto en la conquista del diálogo pacífico como la única forma de lucha política, como en la instauración de la institucionalidad democrática para los derechos humanos, quedaron grandes vacíos que han impedido dar por alcanzado el espíritu de los Acuerdos. Durante largos años las capas más pobres siguieron siendo marginadas y sus derechos siguieron siendo vulnerados. Pese a que los Acuerdos dieron fin al enfrentamiento militar, las causas que provocaron la guerra -la brecha entre ricos y pobres, la marginación, la vulneración de derechos- se mantuvieron latentes sobre todo hacia los sectores más desfavorecidos.

 

En el 2009 se abre otro capítulo importante, porque se alcanza la alternancia en el ejercicio del gobierno, y el partido que antes de 1992 era un movimiento armado, ahora llegaba a la Presidencia a través de las urnas. Es hasta ese momento en que muchos de los vacíos en el cumplimiento del espíritu de los Acuerdos empezaron a ser rellenados, porque se instaura un nuevo enfoque de gobierno para las mayorías, y programas sociales de impacto para los sectores más pobres. Pero por otra parte, hay un aspecto medular que debía ser cumplido luego de los Acuerdos, y aún hoy sigue siendo una demanda, un clamor, y es la reparación a las víctimas del conflicto armado, y el esclarecimiento de esas graves violaciones a derechos humanos, desde las más grandes e infames como el asesinato de Mons. Romero, Rutilio Grande, los padres jesuitas, los dirigentes del FDR, Herbert Anaya, la Masacre del Mozote, del Sumpul, del Calabozo, como otros cientos de crímenes que han quedado en la impunidad, y cuyos responsables gozan de libertad sin mayor búsqueda de justicia hacia las víctimas que siguen esperando respuestas.

 

Llegado a este punto, alguno se podrá preguntar con bastante razón: veintidós años después, ¿por qué hacer otro recuento de lo que se conquistó y lo que hizo falta con los Acuerdos de Paz? La respuesta es no menos importante que la pregunta: porque quien hace este balance no es la generación que vio emerger el conflicto, ni la que vivió el conflicto, ni la que creció durante el conflicto. Este balance lo hace la generación de la paz, quienes nacimos en los últimos años e incluso después del fin de la guerra, quienes crecimos en la joven democracia conquistada, y quienes hoy nos estamos adentrando a esa nueva forma de hacer política que se inaugura después de y con los Acuerdos.

 

Porque ahora el compromiso está en nosotros los jóvenes, en comprender cuáles fueron los motivos que llevaron no solo a la salida negociada de la guerra, sino a la guerra misma. A reflexionar sobre las virtudes y las grandes deficiencias de nuestra democracia, y sobre todo lo que se ha conquistado y todo lo que falta alcanzar hasta dar por cumplido el espíritu de los Acuerdos. Y, sobre todo, porque en este preciso momento estamos a escasos días de ir a las urnas a elegir al próximo Presidente de la República, y están en juego dos caminos totalmente diferentes: el de seguir avanzando hacia más democracia y más justicia social, y el de volver al pasado de desigualdad, represión y marginación.

 

Hace 22 años se tomó la decisión de terminar un ciclo de luchas y seguir adelante en una era de paz. Hoy, la generación que creció esa paz conquistada está comprometida a seguir adelante, en la ruta de los Acuerdos de Paz, de la justicia, la democracia participativa, y los cambios de verdad.

¡Transparencia, transparencia y más transparencia!

Por Héctor Pacheco, salvadoreño en Buenos Aires, Argentina.

 

Sin palabras. Así comenzamos el año, luego de escuchar las declaraciones del ex Presidente Francisco Flores durante la entrevista hecha por una Comisión Especial de la Asamblea Legislativa, que investiga el paradero de una donación hecha por el Gobierno de Taiwán.

 

Combatir a la delincuencia, reducir los niveles de inseguridad, ayudar a la mitigación de riesgos o favorecer a las familias de “Las Colinas” víctimas del primer terremoto de 2001; eran los objetivos, que según el ex Presidente, tenían los fondos donados por el país asiático. Sin embargo, no hay rastros de las inversiones hechas, de acciones implementadas como políticas de seguridad o inclusive de la existencia de beneficiarios, que pueden ser el resultado del uso de ese dinero.

 

Cuando reflexionamos sobre este tipo de hechos, que no son aislados a la ideología o a la posición pública jerárquica, la primera pregunta que se viene a la mente es: ¿No se trata que los servidores públicos, al menos, tengan eso: vocación de servicio?

 

Llegar a ser una nación desarrollada, mejorar las condiciones del país o, como mínimo, ayudar a la gente más pobre, son metas que solamente pueden lograrse a través de una gestión pública eficiente. Pero, en El Salvador, muchos funcionarios públicos han llegado al extremo del cinismo para defender sus posiciones preferenciales, sus conductas corruptas y, el manejo de los bienes públicos de forma arbitraria y antojadiza, que nada tiene que ver con el bienestar de los ciudadanos.

 

Lo más preocupante del claro caso de corrupción del ex Presidente, no es que bajo esta visión se haya liderado al país, ni que el delito puede prescribir, ni que nuevamente nuestros funcionarios nos hayan dejado perder la oportunidad de ayudar a personas necesitadas. Lo más preocupante, es que muchos salvadoreños tenemos la sensación de que esto es algo común, que no se puede hacer nada y que no será el último caso que veremos.

 

Como salvadoreños, lo que realmente esperamos no es solo que éste y otros casos salgan a la luz, sino que las instituciones del país funcionen. La democracia, la transparencia, y la justicia solamente funcionan cuando los ciudadanos realmente creemos y sabemos que al cometer un delito se castiga por ello.

 

La transparencia y la rendición de cuentas son herramientas que facilitan una gestión pública a favor de los ciudadanos, pero son los ciudadanos lo que debemos vigilar y exigir que los servidores públicos de verdad sirvan. Ser transparentes va más allá de simplemente señalar con el dedo las acciones corruptas y excluyentes de los políticos; ser transparentes consiste en apegar nuestra conducta a la ética, nuestras acciones a la democracia y no poner obstáculos ante el escrutinio público, especialmente cuando de nuestras decisiones depende el futuro de la gente.

 

No debemos sentarnos a esperar el desenlace de este caso de corrupción, debemos actuar para que éste sea el inicio de un Estado a favor de las personas. Lo que debemos exigir es transparencia, transparencia y más transparencia.